El reloj mecánico
UN APORTE DE RELOJERÍA JULIO
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LA INCREIBLE HISTORIA DEL RELOJ DE MARIA ANTONIETA
Una obra de arte y mecánica con una historia llena de emociones.
Muchos lo consideran como el reloj más estupendo creado jamás. Fue creado para una reina a la que le llegó su hora antes de verlo por el estimado como el mejor relojero de la historia.
Se trata del medidor de tiempo más precioso de todos los tiempos: el legendario Marie Antoinette.
Su historia le hace justicia a su nombre y todavía guarda uno que otro misterio.
Empezó a fabricarse en la década de 1780, fue vendido en la de 1880 y desapareció en la de 1980.
Las leyes del Universo
Durante siglos, Alemania brillaba en mecánica e Inglaterra estuvo a la vanguardia en relojería.
En la década de 1760, por ejemplo, John Harrison inventó una serie de relojes y cronómetros que resolvieron el acertijo de la longitud, una cuestión de vida o muerte en la navegación.
Entre tanto, una publicación francesa lamentaba el hecho de que nadie usaba relojes que no fueran hechos en Inglaterra.
En esa época, París estaba bajo la seducción de la Ilustración. Los dirigentes anticipaban que esa nueva era de invención empoderaría a Francia, y los científicos e ingenieros se atrevían a pensar que la razón podía triunfar frente a la religión.
La maestría en la relojería era atractiva para todos: ¿para qué necesitas la religión y la magia cuando combinando una intricada ingeniería con una construcción inteligente puedes darle vida a lo inanimado?
Al llevar un reloj contigo, cargabas las leyes del Universo.
Los franceses ansiaban encontrar un maestro en las artes mecánicas que pudieran reclamar como propio.
Conjurador de la relojería
En 1775, un hombre de 28 años llegó a Quai de l'Horloge, en ese entonces el corazón de la relojería en París.
Se llamaba Abraham-Louis Breguet y su genio transformó esa parte de la ciudad en la capital de la relojería del mundo.
Refinó todo lo que se había hecho hasta entonces y antes de cumplir los 45 años ya era considerado como el mejor relojero vivo, un título que muchos mantienen ligado a su nombre después de su muerte.
El relojero nacido en Suiza fue todo un pionero. Mejoró la apariencia, funcionalidad, durabilidad y precisión de los relojes, e introdujo importantes innovaciones. (1747-1823)
Como muchos de los grandes relojeros, Breguet era suizo. Su padre murió cuando tenía 11 años y su madre se casó con un relojero.
Su padrastro lo sacó del colegio y lo hizo su aprendiz.
Así empezó a aprender los principios básicos de la ciencia de medir el tiempo.
Complicaciones
Tras apenas un año de aprendiz en Ginebra, ya era experto en los movimientos, engranajes, mecanismos de escape y había aprendido sobre relojes, cronómetros y cómo hacer que a un tic le siguiera un tac.
Lo despacharon a París para que trabajara con relojeros más sofisticados.
Llegó con ganas de aprender ingeniosas maneras de crear piezas más pequeñas y precisas, y de entender lo que en ese mundo se conoce como "complicaciones".
Una complicaciones es cualquier función que no sea la básica de decir la hora y minutos, y requieren conocimientos más sólidos de relojería así como una comprensión más profunda del tiempo.
En el College des Quatre-Nations, Breguet aprendió sobre los ciclos solares, los calendarios lunares y cómo coreografiar cronología.
Además se enamoró, se casó y eventualmente estableció su propio taller en Quai de l'Horloge, o muelle del reloj.
Perpetuo
La tienda de Breguet se convirtió en el centro de innovaciones en relojería.
El primer invento que emergió de su pequeño taller fue el reloj perpetuo que, como su nombre indica, no necesitaba que se le diera cuerda pues aprovechaba la energía producida por el movimiento de quien lo usaba. Se convirtió en el aparato de moda en los 1780.
Fue el principio de una revolución general en términos de mecanismos, técnicas y estética: creó nuevas funciones, nuevos productos, manteniendo siempre su estilo simple y elegante.
El nombre de Breguet sigue vivo en algunos de los más exclusivos lugares en el mundo: Rodeo Drive, Bond Street y en éste: la Place Vendome de París. El dueño de la marca ahora es el grupo Swatch y en esta sede guardan una colección de las creaciones originales de fabuloso relojero.
Relojes tan hermosos como joyas, que poseen esa rara cualidad: elegancia.
Otros aún más minimalistas, como éste de 1798. Era un "reloj de suscripción", pues el comprador hacía un pago inicial y luego completaba lo que debía a cuotas.
Objetos de lujo
Desde el principio, los relojes de Breguet eran lujos que requerían de clientes acaudalados.
Por fortuna, a sólo 25 kilómetros de su tienda había una concentración de riqueza, vanidad y ostentación como ninguna otra en el mundo: el palacio de Versalles.
2.000 acres de extravagancia con el rey Luis XVI en el trono y María Antonieta, su decadente reina al lado.
El estilo de vida de la realeza y aristócratas en esa época es legendario.
Versalles estaba repleto de aristócratas tratando de ser mejores que los demás.
Tener un Breguet se convirtió en un sello de buen gusto.
Era el iPhone 7 del siglo XVIII. Sacar un reloj Breguet moderno, delgado, que mostraba el ciclo de la Luna o el calendario le permitía a los cortesanos exhibir su riqueza, sofisticación y modernidad.
El relojero era tan admirado en las altas esferas de la sociedad que recibió la comisión más importante de su vida: crear una pieza para la reina de Francia, María Antonieta.
En el registro del trabajo del taller de Breguet, que Emmanuel Breguet, el tatara-tatara-tatara-tataranieto de Abraham-Louis le mostró a la BBC, la comisión #160 es considerablemente más larga que las demás: "hacer un reloj digno de la reina".
Un fabuloso reloj para una fabulosa reina. "María Antonieta con una rosa" por Marie Louise Elizabeth Vigee-Lebrun.
Entre las varias estipulaciones decía que debía tañer cada hora y cada cuarto de hora; tener un termómetro; mostrar el día, mes, año y años bisiestos; dar la hora solar y ser delicado pero robusto. Todas las partes internas sin excepción serían de zafiro.
Tenía que ser tan bello como ingenioso, con el máximo de complicaciones posibles y los materiales más preciosos.
Y no había límite ni de tiempo para terminarlo ni de dinero para fabricarlo.
Lo que no decía era quién lo había comisionado.
Es un misterio y a lo largo de los años ha sido tema de especulación.
La leyenda dice que la historia del reloj más fabuloso hecho jamás empezó con un personaje alto, guapo y sueco.
El conde sueco causó sensación en la corte de Versalles.
En su tour de Europa, el conde Hans Axel von Fersen, un noble de Suecia, fue Versalles, donde aparentemente causó sensación.
Fersen conoció a María Antonieta en un baile de máscaras y se volvieron amigos cercanos. Muy cercanos. Se sospechó que eran amantes.
Precisamente en ese momento alguien ordenó un reloj muy especial para la reina.
Realidades distintas
De cualquier manera, el reto inspiró a Breguet... pero pasarían 44 años antes de que el reloj estuviera listo.
Uno de los problemas fue que al principio de los 1780, Francia estaba al borde de un cambio sísmico.
Versalles y París vivían dos realidades distintas. En la primera la del espectáculo y la opulencia mientras que en la capital francesa todo era enfermedad y pobreza.
En julio de 1789, con los precios de pan más altos que nunca, una multitud hambrienta y furiosa se tomó la fortaleza de la Bastilla y desfiló con la cabeza del gobernador en una pica por las calles de París.
La Revolución Francesa había empezado.
La reina perdió su esplendor.
A nivel personal, los eventos fueron calamitosos para Breguet.
El relojero apoyaba la Revolución, pero a medida que se tornó más sangrienta, cualquier persona sospechosa de sentir alguna simpatía por los odiados reyes estaba en peligro. Y Breguet tenía vínculos con la corte pues le vendía sus creaciones.
Respecto a su negocio, sus clientes fueron perdiendo la cabeza o huyendo del país.
A otra corte
En 1793 Breguet se regresó a su nativa suiza y se llevó el Marie Antoinette, aún sin terminar.
El reloj estaba a salvo, pero la reina no tuvo la misma suerte.
El 16 de octubre de ese año, fue llevada a la Plaza de la Revolución. Tenía un sencillo reloj Breguet abrochado a su vestido, que contaba sus minutos finales.
A las 12:15, la cuchilla de la guillotina le cortó la cabeza.
Sansón el verdugo muestra la cabeza de la reina a los testigos de la decapitación.
Pasarían dos años antes de que Breguet retornara a París en 1795, cargado de ideas que fue realizando en rápida sucesión, como el resorte regulador espira Breguet, un nuevo mecanismo de escape que no requería lubricación y el tourbillon, un mecanismo especial para evitar los efectos de la gravedad.
Versalles había desaparecido pero había una nueva corte, la de Napoleón Bonaparte, a la que Breguet le hacia relojes.
El reloj de Josefina, esposa de Napoleón, era "de tacto", es decir que podías saber qué hora era sin tener que mirarlo. Lo compró en 1800 con diamantes pequeños y cuando se convirtió en emperatriz, ordenó que los cambiaran por más grandes.
A Caroline Murat, la reina de Nápoles, le hizo un delgado reloj y lo montó en un brazalete de pelo y oro para que lo usara en su brazo. Fue el primer reloj pulsera de la historia.
Breguet era el relojero más famoso del mundo y lo recompensaron con el máximo galardón de Francia: la Legion d'Honneur.
La aclamación no lo distrajo de su obsesión. Todo lo que ganaba era canalizado hacia la que sería su obra maestra.
Pero el tiempo, que tan bellamente contaba, también pasaba para él y en septiembre de 1823 se le acabó.
El maestro estaba muerto pero su trabajo aún estaba incompleto.
El reloj que Breguet había estado perfeccionando por cuatro décadas fue finalmente terminado por su hijo, el último día de 1827.
Vida póstuma
Era el más complicado, sofisticado y bello reloj del mundo.
Su primer dueño registrado fue el marqués de la Groye, quien había sido paje de María Antonieta.
Cuando el marqués falleció, el reloj estaba en el taller de los Breguet así que la familia volvió a custodiarlo.
A finales del siglo XIX volvió al mercado y fue comerciado discretamente por varios coleccionistas.
En 1917 el industrialista británico y coleccionista apasionado Sir David Salomons lo compró. Asombrado por el trabajo de Breguet, Solomons proclamó:
Llevar un reloj de Breguet es sentir que cargas el cerebro de un genio en tu bolsillo"
Solomons adquirió más de 100 relojes hechos Breguet. Legó la colección a su hija quien la donó al Museo de Arte Islámico en Israel, un improbable destino final para el Marie Antoinette. Pero allá protagonizó otro extraordinario evento.
El gran hurto
El Marie Antoinette estuvo en su caja de cristal, en silencio y lejos del mundo de los aficionados a los relojes hasta 1983, cuando el más fabuloso reloj del mundo fue robado en el más grande atraco de relojes de la historia.
La reina de los relojes desapareció por más de 20 años.
A eso de la media noche del 15 de abril de ese año, un hombre delgado vestido de negro entró al museo por una estrecha ventana.
Cortó círculos en los vidrios de los gabinetes y cuidadosamente sacó más de 100 relojes antiguos, algunas pinturas y un par de libros.
Tuvo tiempo de fumarse unos cigarrillos y se fue con una carga valuada en millones y millones de dólares.
La policía buscó por todas partes pero no encontró ningún rastro del Marie Antoinette, la pieza más valiosa del tesoro robado.
El acto final
En 2005 se agotaron las esperanzas y el dueño de la marca Breguet, Nicolas Hayek, anunció el ambicioso plan de crear una replica del desvanecido reloj.
Con la ayuda de unas pocas fotografías y detalles encontrados en los archivos Breguet, un equipo de ingenieros dedicó dos años ha producir a mano 823 componentes y armar la asombrosa pieza.
Cuando estaban a punto de presentar la réplica, un comerciante de antigüedades llamado Zion Jakobov se comunicó con la curadora Rachel Hasson y le dijo que un abogado tenía la invaluable colección de Breguets del museo.
Hasson dudó hasta que se encontró cara a cara con el Marie Antoinette.
96 de los 106 relojes fueron recuperados.
Habían sido robados por un hombre llamado Na'aman Diller quien era un gran ladrón pero terrible vendedor.
Temiendo que lo descubrieran, dejó lo que robó en cajas de seguridad durante 23 años. Murió de cáncer en 2004 pero poco antes le confesó a su esposa lo que había hecho.
Fue ella quien contrató al abogado que empezó a hacer llamadas para organizar la devolución.
El Marie Antoinette volvió a ser la pieza principal de la colección del museo. Sólo que ahora está en una caja y una habitación considerablemente más seguros.
Los relojes mecánicos de carga automática, están diseñados para “cargarse” con el movimiento del brazo del usuario.
Hoy día muchos trabajos y actividades que desarrollamos son sedentarios.
Pensemos las horas que pasamos frente a una computadora, sin ir más lejos.
Muchos se desilusionan después de adquirir un reloj automático, y concurren al servicio tecnico para reclamar: “Este Reloj se para”, y al ser consultado por el asistente tecnico o de ventas, por la actividad que desarrolla se muestra incrédulo y molesto.
La verdad es que el reloj no ha llegado a cargar debidamente por la falta de movilidad y por eso se para.
La forma correcta de cargar un reloj mecánico de carga automática, es a través de la corona, girando la misma en ambos sentidos de forma alternada (hacia un lado y hacia el otro)de 20 a 30 veces. Con esta carga manual el reloj debería marchar independientemente de la actividad que se realice con él, a lo largo de 24 a 36 horas.
Si sólo la carga llega por el movimiento, este necesitará de 7 a 8 horas de movimiento intenso para lograr el mismo efecto.
Variaciones de exactitud: los relojes automáticos debido a la naturaleza de su mecanismo pueden sufrir variaciones en la marcha permisibles, de hasta 6 minutos al mes ( debido al rozamiento de sus partes mecanicas y la exposición a la fuerza de gravedad de partes vitales en lo que a regulación se refiere). Esto es totalmente normal y dentro de esta variación no hay que hacer correcciones.
IMPORTANTE: Al realizar el cambio manual del fechador con el avance rápido de fecha, deberá tenerse la precaución de ubicar todas las agujas lejos del nº 12.(12 hs)
Esto es porque el mecanismo en esta ubicación se encuentra sumamente vulnerable y con grandes posibilidades de dañarse.
Por eso sugerimos a modo de recordatorio práctico, ubicar todas las agujas a las 6.30, a los efectos de brindar máxima protección al mecanismo en el momento de cambiar la fecha manualmente con el avance rápido de fecha..
RECUERDE presionar la corona hacia la caja del reloj(o enroscar la corona hasta que haga tope en el caso que la corona sea roscada) después de este procedimiento para garantizar las condiciones de hermeticidad . Dicha precaución debe tenerla también en el acto de corrección horaria.
Un reloj puede afectarse al estar expuesto a campos magneticos.El efecto de un campo magnético sobre un reloj de cuarzo será breve y se limitará únicamente al tiempo que permanezca en el campo correspondiente. Sin embargo, los relojes mecánicos (tanto manuales como automáticos) son más sensibles a los campos magnéticos. Si bien los relojes de las marcas que comercializamos han sido diseñados para resistir los campos magnéticos que se encuentran en la vida cotidiana, determinados campos magnéticos fuertes pueden imantar algunos componentes de acero del movimiento, en especial el muelle del volante. Aunque se trate de un fenómeno poco habitual, los componentes pueden pegarse a causa del magnetismo y acelerar considerablemente la marcha del reloj, o bien detenerlo por completo. De producirse este fenómeno, se deberá realizar una operación de desimantación en nuestro servicio postventa.
Instrumentos , equipos u objetos de la vida diaria que generan magnetismo: cierres magneticos de bolsos, teléfonos móviles, , Cocinas Microondas, brazaletes anti reumatismo, sistemas HiFi, electrodomésticos, secadores de cabello, Tablets, Ipads, Televisores, sistemas de audio, cocinas a inducción, etc.
Las garantías de fábrica no cubren los daños que puedan sufrir las correas, brazaletes, cristales.
Por tal efecto se aconseja mantener las correas de piel libres de cremas, bronceadores, perfumes, repelentes, etc.
Las correas de caucho envejecen, tornándose duras y quebradizas, y no hay forma de evitar que esto ocurra. Con lo cual hay que prever que se necesitará realizar un cambio de correa anual.
Los cristales pueden ser rayados,
Aún los de cristal de zafiro, pueden se rayado por otro cristal de la misma dureza o una dureza superior.
Recordemos que el zafiro, pertenece al grupo corindón, con una dureza de 9 en la escala de Mohs, superado únicamente por el diamante y puede ser rayado por otro zafiro, un rubí, un diamante, una lima (que contiene polvo de diamantes), etc.
Además los cristales de zafiro pueden sufrir fracturas si se los golpea
Algunas personas para prolongar la duración de la batería, suelen extraer la corona y así provocar la detención de la marcha del reloj.
Si bien el propósito se logra de manera parcial ya que el modulo electrónico sigue consumiendo energía, el usuario pierde la posibilidad de observar el momento en el cual se detiene su reloj por agotamiento de batería, momento en el cual la batería sufre un acelerado deterioro con la consecuente perdida de sales y liquido que indefectiblemente dañaran el movimiento de su reloj .
Por otro lado no deberá dejarse por tiempo indeterminado la batería en un reloj, ya que estas baterías están diseñadas para una duración limitada de tiempo, vencido ese plazo los ácidos internos pueden atacar las paredes de contención, pasar al reloj y dañarlo.
En síntesis , MANTENGA SU RELOJ DE CUARZO CON BATERIA, SIEMPRE FUNCIONANDO.
Cualquier daño que sufra el reloj, por pequeña que sea, para evitar que se transforme en un riesgo mayor
Los campos magnético pueden afectar la marcha del reloj.
Telefonía celular, un microondas, parlantes, radio reloj en su mesa de noche, estudios en medicina de alta complejidad (tomógrafos, resonadores magnéticos ,etc.), son fuentes de magnetismo intenso que pueden afectar el buen funcionamiento del reloj.
La exposición del reloj tanto a altas temperaturas como muy bajas, pueden causar verdaderos deterioros. No lo deje al sol, y tenga sumo cuidado con los shocks térmicos , como estar tomando sol y sumergirse en agua fría.
Casi todas las fábricas de relojes, realizan stocks de piezas para reparación por tiempos limitados.
Cuando un reloj lleva muchos años fuera del mercado se reducen las posibilidades de encontrar las piezas necesarias para su reparación, en el caso de tener piezas dañadas o desgastadas.
NUNCA PERMITA QUE SU RELOJ SEA ABIERTO POR TERCEROS, ni aún para cambios de baterías.
EN EL CASO DE LO RELOJES EN GARANTÍA, ESTO INVALIDARÁ AUTOMATICAMENTE LA MISMA, Y EXPONDRÁ A SU RELOJ A UN RIESGO INNECESARIO.
Siempre diríjase a los Service Oficiales que figuran en la garantía de su reloj, o a los Agentes Oficiales, autorizados para tal fin
Tener en cuenta todos estos cuidados, permitirá que el uso de su reloj sea siempre una experiencia placentera y llena de satisfacción.
RELOJERIA JULIO
Los relojes mecánicos carecen en la mayoría de los casos de componentes electrónicos; este tipo de relojes cuentan con un sistema mecánico fabricado generalmente en metal, en donde la fuerza motriz necesaria para poner en marcha la maquinaria es proporcionada por un muelle motor o por medio de pesas conectadas por cadenas o cables.
En la cultura popular es común referirse a la carga del muelle motor como "dar cuerda", no obstante este término es erróneo, y solo es aplicable a los relojes de pesas, en donde literalmente se le da cuerda a un cilindro dentro del reloj para que de esa manera continúe el descenso de la pesa que da vida al mismo. Dentro de un muelle motor se encuentra una banda o cinta de acero templado que, al enrollarse, genera una fuerza de torsión usada por el reloj para mover el mecanismo, bien sea la marcha o la sonería. Por medio de un tren de engranajes se reduce la fuerza y aumenta la velocidad, finalizando en una rueda dentada de manera especial, llamada rueda de escape, la cual conecta con una pieza llamada Ancora. Esta pieza es la encargada de convertir el movimiento rotatorio de los engranajes en un desplazamiento lateral de izquierda a derecha que se trasmite a un volante o a un péndulo para proveerles la energía suficiente para oscilar. Es el contacto entre estas dos piezas, rueda de escape y Ancora el que produce el famoso tic-tac. Finalmente, el péndulo o el volante marcan el paso del tiempo y se les conoce con el nombre de órgano regulador. El reloj usa sus oscilaciones o alternancias constantes para determinar el paso del tiempo: cuanto más preciso sea el mecanismo, menos variaciones habrá en la periodicidad de las oscilaciones.
Cabe resaltar que, aunque los relojes de pulsera, que usan volantes como órgano regulador, han logrado niveles de exactitud sorprendentes; el péndulo y su oscilación periódica regular continúan siendo el patrón de medición del tiempo u órgano regulador más exacto en los relojes mecánicos.
Normalmente el número de engranajes o ruedas que posee un reloj mecánico es consecuencia directa del tiempo estimado en el que el muelle o la pesa le proveerá energía suficiente para funcionar; así, si un reloj mecánico, por ejemplo un despertador, está construido para almacenar 24 horas de marcha, el número de ruedas será generalmente de cinco, desde el engranaje del muelle hasta la rueda de escape; por otro lado, si se trata de un reloj de pared, en donde la reserva de marcha está diseñada para durar 192 horas (ocho días), entonces se añadirá una rueda extra justo después del muelle motor para de esta forma aumentar la velocidad del mecanismo de escape en relación a la velocidad de rotación del muelle motor, expandiendo así la autonomía de funcionamiento del mecanismo, aunque en estos casos se requiere de muelles más poderosos, para compensar la pérdida de fuerza causada por el aumento en la relación de los engranajes; finalmente, la hora se muestra siempre en formato analógico, por medio de manecillas, que usan el giro de los engranajes internos, usualmente la rueda primera para los relojes de 1 día, y la rueda segunda para los de 8 días, para convertir el movimiento del tren de engranajes, controlado por el sistema de escape, en indicaciones comprensibles para las personas, quienes realizan la lectura de la hora fijándose en la posición de las manecillas frente a una escala horaria fija en el frente del reloj.
Cabe resaltar, que el minutero en el reloj mecánico, a diferencia del horario, no posee un tren de engranajes independiente que ajuste la relación para marcar la hora, éste se encuentra fijo a la rueda que usualmente engrana con el muelle motor, dicha rueda posee un eje que sobresale, en frente de la maquinaria, y que es de hecho el eje conocido como “cañón”, donde se conecta el minutero, por lo tanto esta rueda gira una vez cada 60 minutos exactamente, el cañón horario realiza una reducción de velocidad, usando un pequeño tren de engranajes ubicado en la parte frontal del reloj justo entre el minutero y el horario, la relación entre ambos seria entonces de 1/12, en donde por cada vuelta de la manecilla horaria, la minutera ha debido girar 12 veces, este mecanismo también se encuentra en todos los relojes electrónicos con lectura analógica.
En 1845, le añadieron un detalle curioso al reloj de la iglesia de St John en Exeter, Inglaterra occidental: otra manecilla que se movía con 14 minutos de atraso con relación a la original.
La razón, como explicó el semanario local, era "una cuestión de gran conveniencia pública", pues le permitía al reloj mostrar "el horario de los trenes así como la hora correcta en Exeter".
El reloj de la Tierra, la Luna y el Sol de la Catedral de Exeter data del siglo XV.
El sentido humano del tiempo siempre ha sido definido por el movimiento planetario.
Empezamos a hablar de "días" y "años" desde mucho antes de que supiéramos que la Tierra rota sobre su eje y que orbita el Sol; de la Luna creciente y menguante concebimos la idea del mes. El tránsito del Sol por el cielo nos dio palabras como "mediodía".
Sin embargo, el momento exacto en el que nuestra estrella alcanza su cenit depende, por supuesto, del lugar desde el que lo estemos mirando. Si estás en Exeter, lo verás unos 14 minutos después que alguien que esté en Londres.
Cuando los relojes se volvieron comunes, la gente, naturalmente, los ajustó de acuerdo a sus observaciones celestiales locales.
Eso no era problema si necesitabas coordinar citas con tus vecinos: si estás en Exeter y acuerdas reunirte con alguien que está ahí a las 7 p. m., no importa si en Londres -a 300 kilómetros de distancia- piensan que son las 7:14 p. m.
Pero apenas un tren conectó a Exeter con Londres -deteniéndose en otras múltiples ciudades, todas con su propia idea de qué hora era-, se toparon con una pesadilla logística.
Los relojes en las estaciones mostraban la "hora correcta" en el lugar en el que se encontraban.
Las primeras tablas con los horarios de los trenes valientemente le informaban a los viajeros que "la hora de Londres es unos 4 minutos más temprano que en Reading, 7 y medio minutos anterior a la de Cirencester...". Y claro, muchos quedaban completamente confundidos.
Lo peor, no eran sólo los pasajeros sino también los conductores y encargados de la señalización los que no entendían, aumentando el riesgo de accidentes.
Es por eso que los ferrocarriles adoptaron el "horario del tren": lo basaron en el Greenwich Mean Time -GMT-, dictado por el famoso observatorio en el barrio londinense de Greenwich.
Algunas autoridades municipales rápidamente notaron cuán útil era estandarizar el tiempo en todo el país, y ajustaron sus relojes.
Otras resintieron esa imposición de la metrópolis, y se aferraron a la idea de que su tiempo era -como decía el semanario de Exeter, no sin cierto encanto- "el tiempo correcto".
Por varios años, el deán de Exeter rehusó cambiar la hora del reloj de la catedral de la ciudad.
Ilustración de la catedral de Exeter que llevaba un tren del siglo XIX, cuando aún la hora del tren y la de la catedral no era la misma.
La hora precisa
De hecho, no existe "la hora correcta".
Como el valor del dinero, se trata de una convención cuya utilidad se deriva de la aceptación generalizada de los otros.
Lo que sí existe es la hora precisa o exacta.
Esa data de 1656, y se lo debemos a un holandés llamado Christiaan Huygens.
Había relojes antes de Huygens, por supuesto. Los antiguos egipcios y los persas del Medioevo tenían relojes de agua; otros marcaban el paso del tiempo con marcas en velas.
No obstante, hasta los artilugios más precisos se desfasaban hasta en 15 minutos al día.
Eso no importa mucho si eres un monje que quiere saber cuándo empezar a rezar. Pero la incapacidad de medir el tiempo con precisión tenía una importancia económica enorme cuando se trataba de la navegación.
Saber dónde estabas era cuestión de vida o muerte, y para los que habían invertido en tu viaje, de pérdidas y ganancias.
Observando el ángulo del Sol, los marinos podían calcular su latitud: el lugar en el que estaban entre el norte y el sur.
Pero la longitud -entre este y oriente- era algo que tenían que adivinar. Y cuando adivinaban mal, atracaban en lugares a cientos de kilómetros de donde debían estar, en el mejor de los casos. En el peor, chocaban y naufragaban.
¿Cómo ayudaba saber la hora precisa?
¿Te acuerdas por qué la hora de los relojes de Exeter difería 14 minutos de la de Londres, a 300 kilómetros?
Si sabes que son las 12:00 GMT, puedes observar el Sol en donde estés, calcular la diferencia del tiempo y deducir la distancia.
El reloj de péndulo de Huygens era 60 veces más preciso que cualquiera de los anteriores.
Un gran avance, pero con sus problemas.
Aunque no lo suficiente. Además, los péndulos no se balancean muy bien en la cubierta de un barco.
Los reyes de las naciones marítimas estaban muy conscientes del problema con la longitud y ofrecían premios por resolverlo, algo que finalmente logró un inglés llamado John Harrison, con un aparato que perdía sólo dos segundos al día.
Para qué tanta exactitud
Desde la época de la intransigencia del deán de Exeter, el mundo entero acordó adoptar una "hora correcta", el tiempo universal coordinado, o UTC, mediado por varios husos horarios.
Usualmente, las zonas correspondientes a los husos mantienen la convención de que el mediodía es vagamente cercano al cenit del Sol.
Pero no siempre: desde que Mao Zedong declaró que toda China tendría la misma hora que Pekín, los residentes del occidental Tíbet y Sinkiang han escuchado las campanadas de sus relojes anunciando que son las 12:00 poco después del amanecer.
Nos fueron quitando la excusa de que "mi reloj está atrasado".
Entretanto, desde Huygens y Harrison, los relojes se han vuelto mucho más precisos. El UTC lo dan relojes atómicos, que miden oscilaciones de los niveles de energía de electrones. Su desfase es de menos de un segundo cada cien millones de años.
¿Para qué se necesita tanta exactitud? No planeamos nuestros días en milisegundos. La verdad es que los relojes de pulsera muy exactos siempre han sido artículos que denotan prestigio no practicidad.
Pero hoy en día hay lugares en los que los milisegundos importan.
El tiempo es dinero
Uno de ellos es el mercado bursátil: se pueden ganar fortunas explotando una oportunidad de arbitraje un instante antes que los competidores.
Es tan importante para los que juegan a la bolsa que unos financieros calcularon recientemente que valía la pena gastar US$300 millones perforando montañas entre Chicago y Nueva York para colocar cables de fibra óptica en una línea ligeramente más recta. Eso aceleró la comunicación para los intercambios entre las dos ciudades en tres milisegundos.
Ante eso, es razonable cuestionar si esa es la infraestructura más socialmente útil que tal cantidad de dinero podría haber comprado, pero la obra ya está hecha.
Vámonos con nuestro tiempo a otra parte.
El mantenimiento preciso del tiempo universalmente aceptado también es importante para las redes de computación y comunicaciones.
Pero quizás el impacto más significativo del reloj atómico -como lo fue primero con los barcos y luego con los trenes- ha sido en los viajes.
Para ir por el camino correcto
Hoy en día, nadie necesita navegar guiado por el ángulo del Sol: tenemos GPS.
El más básico de los teléfonos inteligentes puede localizarte recogiendo señales de una red de satélites: debido a que sabemos donde debe estar cada uno de esos satélites en el cielo en un momento dado, triangulando sus señales te dice dónde estás en la Tierra.
Es una tecnología que ha revolucionado todo, desde la navegación hasta la aviación, la topografía y el senderismo. Pero sólo funciona si la hora en todos esos satélites es la misma.
Los satélites GPS suelen llevar cuatro relojes atómicos, hechos de cesio o rubidio.
Huygens y Harrison no podrían haber ni imaginado algo tan preciso y sin embargo aún no es suficiente: pueden identificar mal tu posición por un par de metros.
Es por eso que los automóviles de conducción automática necesitan sensores, además de GPS: en la carretera, un par de metros es la diferencia entre mantenerse en el carril y una colisión frontal.
Mientras tanto, los relojes continúan avanzando: los científicos han desarrollado recientemente uno basado en un elemento llamado iterbio, que no habrá perdido más de un centésimo de segundo cuando el Sol muera y se trague la Tierra, en unos 5.000 millones de años.
¿Cómo podría esta precisión extra transformar la economía de ahora en adelante?
Sólo el tiempo lo dirá.